ISO: 400
Punto F (diafragma): f/5.8
Tiempo de exposición: 1/40s
Distancia focal: 32mm
Cámara y modelo: KODAK PIXPRO AZ251
Me costó mucho llegar a pensar una idea para el autorretrato que me convenciera. Luego de ver la teórica sobre este trabajo y ver los autorretratos en espejos de Nan Goldin elegí también usar el espejo en mi autorretrato. Viendo esas fotografías me gustó la idea del espejo porque pensé que es el único lugar donde puedo ver como me veo.
Luego de probar muchas fotos en un espejo (y algunas sin espejo) hice una en la que se veía la cámara pero no mi cara que me gustó, pero no me terminó de convencer. Después de mirar mucho la foto para entender qué es lo que me gustaba y qué es lo que no, entendí que lo que más me gustaba era que parecía una foto de backstage donde el punto de vista era el objeto al que se le sacaba la foto, lo que no me gustaba es que yo me perdía en la foto y el quién era la persona detrás de la cámara dejaba de importar.
Una de las pocas partes de mi cuerpo que me gustan son mis ojos, en general los ojos son lo que más me gusta del cuerpo, lo que más retrato tanto en fotografías como en dibujos son los ojos, así que quería que de alguna forma se vieran.
Mientras tanto intentaba encontrar la iluminación que quería y, en la primera foto que me había gustado, me gustó que muy poco estaba iluminado, así que empecé a jugar con la posición de los elementos que tenía para iluminar hasta que encontré la forma en la que mis ojos se iluminaban sin quemar la imagen y sin que se pierda la oscuridad del resto de la foto.
En principio elegí el espejo del baño, pero al final decidí usar el espejo de mi habitación. Lo terminé eligiendo porque es el espejo que menos me gusta, al ser la puerta del placard y cubrir toda la pared me obliga a siempre verme en él, aunque a veces logro evitarlo manteniendo la puerta abierta todo el tiempo. Está sucio, viejo, roto y con algunos stickers que le pegué cuando era chiquita. No es mi espejo favorito, pero es el espejo que más me acompañó en toda mi vida, lo tengo desde que nos mudamos a esta casa hace casi 20 años y aunque muchas veces no lo quiera nunca lo sacaría. Es el espejo que menos me gusta pero es el único que me mostró cómo me veo casi toda mi vida.


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